domingo, 13 de febrero de 2011

Un paréntesis por el dia de la amistad y el amor (Feliz Día)

Dia de los enamorados
Ayer me encontré con un sueño.



Venía ensimismado, cargando el fastidio de perder un mundo en la entidad bancaria, acompañado de la rabia de hacer cola esperando un turno interminable… para al final decirme:


“No hay material para las tarjetas”

Cansadas mis posaderas de enclavarse en una silla, mi vejiga a punto de estallar y el estómago repitiéndome constantemente:


“No hay desayuno…” “No hay desayuno…” “No hay desayuno…”

Deseaba tomar un taxi, llegar cuanto antes a mi casa, echarme un baño, comer algo y luego salir a dar mi clase de…


…De repente… tropecé con un sueño…
pequeño y dulce; de ojos grandes que al verme brillaron de emoción.


Hola profe… ¿cómo está?

Toda la rabia, el fastidio, el cansancio y el hambre se marcharon hacia otro lado,
dejándome ver frente a mí la belleza del universo.
Le tomé su mano suave como la briza y un beso en mi rostro fue su respuesta.


Profe… ¿Cómo va la salud?



Mi estómago, escondiéndose, ensancho mi tórax para contestar:


Bien… Muy bien.

Mi columna se puso recta olvidando por momentos la leve inclinación que mostraba.


¿Estás en música?

Pregunté, tontamente, al ver el instrumento que cargaba en su derecha.

“¿Profe? “

Y sonó a protesta,


¡Ya se lo había dicho!

¡Ah, sí ya me acuerdo!

Algo en mi interior me gritó:


“¡Carajo!... Cálmate y has algo coherente,
en vez de seguir portándote como un tonto”

Le tomé su mano con cierto temblor y la invité a tomarnos un café…
nuevamente sus ojos resplandecieron y una sonrisa pícara fue un “si” por contestación.


La solté antes que notara temblar mi mano, y como pretexto le quite el instrumento.


Al tomarlo pensé:


“Como un cuerpo tan menudo puede con tremendo peso”

Con sus manos libres se apoyo en mi brazo, recostándose un poco hacia mí; mis venas tamborileaban un pulso nervioso, deseaba abrazarla… pero me contuve…


Entramos al cafetín y casualmente me saludo un amigo, que detuvo mucho tiempo su vista en tan delicada mujer, luego volvió a mirarme con envidia.


Nos sentamos frente a frente, mis ojos se detenían catando su sonrisa, en sus mejillas dos hoyuelos me hipnotizaban.


Empecé a contarle sobre el nuevo salón; de los alumnos que se graduaran este año, muchos de ellos fueron sus compañeros; de que a lo mejor me cambiaba de Universidad; del viaje que pensaba tomar al llegar las vacaciones…


…Pero ella me interrumpió y colocando sus manos sobre las mías, me preguntó si tenía muchas alumnas, si seguía solo o si ya tenía compañera, si alguna vez había pensado en ella…


“…porque nunca he podido olvidarte, es más aún extraño tus piropos,
tus consejos, tus largas conversaciones sobre poesía…
…¡Y tus besos me hacen falta!

Y sin más sacó su guitarra y con su gesto más característico, arrugando su naricita, empezó a tensar las cuerdas…


¡Esta la compuse para ti!

Todos voltearon para la mesa al comenzar los acordes del instrumento.


Al terminar la canción, hubo un rato de silencio y luego vinieron los aplausos y las felicitaciones.


Yo con la garganta estrujada, no hallaba que decir.


Entonces gritó:


¡Profeee! ¡Que te pareció!

Y un “TE AMO” pronunciado casi en silencio, fue mi respuesta.


Saltó de su asiento y me abrazo fuertemente, que casi me caigo con ella encima…


¡Gracias por amarme!

Y luego rápidamente volviéndose a parar, con sus manos colocadas en su estrecha cintura, insistió:


¿Seguro que no me mientes?

¿Seguro que no vas a salir huyendo, como la última vez?

Parándome, sin importarme los que estaban a nuestro alrededor, la tomé entre mis brazos, levanté aquel hermoso cuerpo y besándola con la fuerza de un rinoceronte, me quede allí, sus labios junto a mis labios, sintiendo la envidia de toda la gente, hasta que…




…Sonó el despertador, muy molesto tuve que levantarme para ir al banco
a cambiar la tarjeta de debito que estaba bloqueada…


Simón Oliveira


Para escuchar algunos temas romanticos Link:
http://www.mediafire.com/?kgbmci7419masix

domingo, 30 de enero de 2011

Tiempos de Recuerdos (6ta parte) Entrada a mi adultez

Nefertitis y Carlos Marx


Aquellas tarjetas de salida, me hablaban de mi primer trabajo, de lo lejos que me quedaba (Urb. Lebrun, cerca del hospital Pérez de León), de las muchas cuadras, calles, barrios y avenidas que tenía que pasar para llegar a él… me repitieron lo difícil que era contar las miles de madrugadas para levantarme, luego agarrado como un mono de la puerta de un autobús, empujar a los demás, evitando soltarme, casi siempre sin desayuno y debido al sueldo, con muy pocas posibilidades de almorzar.


Mi labor consistía, en retocar los negativos para hacer las planchas de impresión del juego del 5 y 6, y cuenten que hasta el día de hoy, nunca he jugado a las carreras de caballos; a los seis meses me botaron de la “Impresora Técnica” , junto a otros compañeros por “alborotadores comunistoides” y lo único que hicimos fue pedir nuestro aumento de sueldo, el cual, por cumplir el tiempo, nos correspondía.


Me vi desempleado y con un carricito que tragaba y botaba leche por todos lados.


Me dije: este sí es un mal recuerdo, me propuse botar todas las tarjetas y relojes que como chiflados danzaban por el piso; cuando apareció debajo de la cama, asomándose con miedo, una pequeña revista titulada “El Rosacruz”.


De repente se me hizo presente la mesa impregnada con olor a cosido de Cazón, donde se reunían en conversatorio los amigos de mi padre.


Horas duraban en plena discusión política, Mi padre ex adeco, militante del MEP (era primo de la esposa del Maestro Prieto) otros era de Copey y algunos de URD.


Y recordé entre ellos, a tres que eran: “compañeros en esencia y antagónicos en conciencia”


Uno era el Padrino de mi hermano, le decían “Chente” y su nombre: Luis Vicente, margariteño, abogado pequeño burgués, de familia comunista (su hermano murió en la guerrilla) y él, guerrillero de salón; le gustaba contarme sobre Marat y la Revolución Francesa, sobre Mao y su “libro rojo”, recitaba los poemas de Rafael Hernández, Pablo Neruda y del cura Ernesto Cardenal y me hablaba horas y horas sobre las relaciones obrero patronales, bajo la lupa del marxismo… y saboreando un buen whisky.


El segundo: Melquiades Llamozas le decíamos “El Rosacruz” y al igual que el mago de García Márquez, era un estudioso de las leyes ocultas.


Su porte: Un negro alto y fornido, Chofer de Autobuses, oriundo de Birongo; en su juventud fue brujo, luego espiritista, católico, evangélico, cantador de cuentos y cuando lo conocí… estudiante del Rosacrucismo.


Sus conversaciones eran sobre las pirámides, hablaba de Pitágoras, de los sumerios, de Nefertiti y Akhenatón y de cómo los esenios fueron los maestros de Jesús… siempre fumándose un largo tabaco oriental.


Y el otro: El “marqués” de Oliveira, de voz profunda, filósofo, poeta, pintor, amante de la bohemia, y aunque un poco chiflado, todos los demás comensales: El Juez Aveledo, El Dr. Pitaluga, Asa el periodista, en fin todos los visitantes, respetaban mucho sus opiniones.


El “marqués” de Oliveira era bastante mayor y le gustaba contar historias, una de ellas trata de cuando conoció al “cumanés” (era el apodo de mi padre): Una tarde estaba tomándose una cerveza, en algún bar de la Urb. El Paraíso, cuando se hizo presente en el lugar Isaías Medina Angarita (para también disfrutar de un “palito”), venía sin escolta (como era habitual en él), y estaba acompañado de un joven, que resulto ser mi papá (la casa donde vivía y trabajaba mi abuela quedaba cerca de la de él) y camino del bar lo invito a acompañarlo.


Nunca supe el porqué del marquesado, ni la relación de nuestro apellido con el suyo, pero en mi interior disfrutaba mucho del título nobiliario…


…Y yo, los escuchaba a todos con la boca abierta, nutriéndome de toda esa “merengada de ideas”, que luego serían parte esencial de mi formación como adulto.


Me propuse recoger todas esas tarjetas y acomodarlas nuevamente en algún lugar de mi memoria.


Al fin y al cabo, a pesar de estar desempleado y cuidando un muchacho, mi entrada a la adultez, aunque preocupante en cuanto a lo económico, fue muy hermosa, contaba con el amor de mis padres, el trabajo de mi pareja, el cariño de mis hermanos (claro contando que yo era el mayor) y el respeto de los amigos del “cumanés”.


Traté de alcanzar la revista… a lo mejor en ella encontraría la ayuda y guía que he pedido tanto a Dios, para recomenzar mi vida...

lunes, 24 de enero de 2011

Para mi hermana, con profundo cariño; Descansa en Paz

Elba Sierra

Hay cosas que son difíciles de aceptar, una de ellas es tu partida…
Hermana dame tu bendición, donde quieras que estés.
Te amo….
Y aquí te dedico estas palabras…


"PARA ELBA SIERRA"

“Contaba con cinco años…


… y sus manos estaban siempre dispuestas a limpiar de sucios y tremenduras mi magullado cuerpo.


Sus brazos se me hacían almohadas para suavizar mi cansancio y sus labios muecas chistosas para hacer reír mi tristeza.


Compañera de juegos, evitadora de mis accidentes, constantemente a mi lado protegiendo mis sueños de fantasmas y aparecidos; siempre midiendo con milímetros el crecimiento de mi niñez.


Un día se marchó para armar su vida y me huerfanó de su presencia, el arrullo de su voz se me hizo olvido y las dudas entraron en mi alma.


Pasaron algunos años y sus consejos me encontraron al comienzo de mi adolescencia…


¡Cuídate!...
¡No te metas en líos!
No hagas esto... ¡Y menos aquello!


Y un “está bien hermana” trataba de ocultar el fastidio del regaño.


Luego le vinieron los hijos, unos blancos y otros negros, unos grandes otros pequeños, que llenaban su casa de risas, gritos y tremenduras…


Y allí también me acomodo un espacio de bienvenida.


La tomé como apoyadora de mis escapadas liceístas, alcahuetadora de mis primeros romances y consoladora de mis muchas desilusiones.


Era pequeñita su casa, pero vivía llena de visitas que buscaban reparar el alma y el cuerpo, no había niño con dolor de barriga que no calmara un buen rezo, no había tristeza que no aliviara un consejo.


Nuevamente se me escapo por la grietas de mi madurez; sus cosa y las mías se marcharon por rumbos diferentes…


Hasta apenas hace poco, nos encontramos nuevamente, ambos montados en el tiempo de la vejez; cuentos y chistes volvieron a alentar mis sentidos… pero la azúcar, envidiando su alegría, le había abierto un hueco por el que se le escapaba la vida.


Y la vi restándose agrados, la comida, las visitas y las salidas, de las que tanto disfrutaba, tuvo que alejarlas; las dolencias comenzaron a hacerse presente, las pastillas y las inyecciones empezaron a llenar todos sus espacios.


Sin embargo a veces su risa se apropiaba del minuto breve sin dolor y nos la entregaba plena para hacernos sentir seguros que todo se arreglaría…


Pero fue desmejorando y el dolor se fue apropiando de todo su tiempo, los medicamentos se adueñaban de ella, ocultando su risa y su palabra.


Y la casita empezó a hablar en murmullos.
Y nuestras caras se escondían ocultando las lágrimas.
Y a los nietos se les pidió silencio.
Y una oscurana se nos metió en el alma…


…Ayer el aire me trajo olores de tristezas.


…Ayer una llamada cambio el placer de mi domingo.


…Ayer alguien, que no recuerdo quien, le grito a mi alma
“¡Tío se murió mamá!”

Y nuevamente sus manos se me huyeron…


¡Ay Señor!
Quien podrá, ahora medir mi tristeza.

jueves, 6 de enero de 2011

Tiempos de Recuerdos (5ta parte) Soy Papá

Soy papá
TIEMPOS DE RECUERDOS
V Parte (Soy Papa)

Cuando intente volver a guardar la medalla, un montón de papeles, movidos por los vientos del olvido, se abalanzaron hacia mí, arrinconándome en el borde de la cama; allí anidando recuerdos, me empujaron a leerlos.

Muchos de esos papeles eran trozos de poemas nunca terminados, que la humedad del abandono hacia ilegible muchas de sus frases; lo único que apenas se podía distinguir eran los nombres de fantasmas, que utilizando las líneas como escalera trataba de escapar por las esquinas.

La imagen de una niña morena, permitiéndome descubrir el sublime olor de la eternidad, se escurrió hasta mi cuerpo, aún puedo recordar sus suaves manos acariciando mi rostro y su aliento susurrando a mis oídos un “te quiero”.

Cerré los ojos esperando sus labios…

De pronto algo cae sobre mi cabeza…

Son cientos de bolígrafos (hoy extraños objetos en peligro de extinción) brotando del techo como musgos, algunos aún guardaban rastrojos de tinta en su interior.

…Quizás se cansaron de sumar palabras o de dibujar formulas trigonométricas, o de perder los sueños manchando papeles, o de no encontrar las razones de seguir muriendo…

…pero lo más probable es que perdieran la alegría de escribir, cuando la joven morena destinataria de mis apasionados versos, tuvo que marcharse a otro liceo.

Aturdido por los recuerdos, me levanto para hacerme un café… casi ruedo por el piso, un montón de cartoncitos cubrían cada grieta, cada resquicio del suelo.

Evitando resbalarme en aquel mar de papeles tomé algunos…eran tarjetas de salida y entrada, perforadas por sus lados, aún podía leerse el nombre de la empresa donde trabaje por algunos meses.

El sonido de un “tic, tac, tic, tac” fue llenando mi habitación, un grupo de relojes marchaban, sin manecillas, ha encontrarse con las tarjetas, por lo visto se habían olvidado de cómo contar las horas.

De repente, apareció ella, un vientre hermosamente abultado, me servía de dintel para entrar en el mundo de los adultos, atrás se iban soltando las hojas de los libros del aprendizaje y renegaban molestos de tantas materias aplazadas, los boletines de estudios.

Ahora, la emoción, el descuido y la testosterona juvenil, me habían convertido en un flamante papá…

…Desempleado, sin graduarme y sin ninguna experiencia de cómo cambiar pañales…

jueves, 30 de diciembre de 2010

Tiempos de Recuerdos (4ta. parte) Comienza la adolescencia

TIEMPOS DE RECUERDOS

IV Parte (Adolescencia)


Mientras extasiado recordaba los momentos de la navidad, casi me voy al suelo al tropezar con una chapaleta de buceo, compañera inseparable de mis días playeros.


Mi chapaleta estaba sola, tal vez fue abandonada por su pareja, la cual decidió quedarse olvidada en una playa aquella tarde, cuando a su dueño de pronto se le despertó la lujuria…
…Al ver las espumas del mar retozando sobre hermosos cuerpos femeninos, que brillaban escasos de ropas y bronceados por los rayos del sol.


De pronto me sentí con la cara llena de espinillas, me acerque al espejo del closet… y note que en mi rostro se dibujaba el esbozo de unos cuantos pelos que colgaban desordenadamente en mi barbilla, mostrándome el paso a una juventud incipiente, llena de caminos sorprendentes repletos de aciertos y errores.


…Y empezamos a cambiar nuestros intereses, comienzas por cambiar del colegio primario al liceo, te preocupas por aprender a bailar y las tontas niñas que te parecían fastidiosas, hoy despuntando la adolescencia, te parecen lo más hermosos que existe en este mundo…


Fue encontrarme con viejos libros, cuyas portadas mostraban el paso del las manos, sudadas de temor, ante los exámenes por presentar; cuadernos a medio llenar, donde números, definiciones, fórmulas y conceptos se mesclaban, con direcciones de hermosas amigas que quería enamorar…


A las primeras nunca las entendí y a las otras aunque me gustaban, nunca tuve el valor de visitarlas.


Con sorpresa, del fondo del desván apareció, cual pirata… un binocular que perdió su ojo izquierdo, cuando la vecinita del frente me descubrió, tratando de fisgonear sus atributos… Que después de un tiempo, logró ponerme a sus pies, profundamente enamorado.


Hoy que mi mente me trae su recuerdo, llega a mis sentidos el perfume de su piel morena, cuando jugando, descubrimos por primera vez el placer de bañarnos juntos.

Desde ese día comencé a botar los álbumes de barajitas, los carritos de juguete y mis colecciones de la revista “Playboy”.


De repente un brillo insistente brotó de la oscuridad, una medalla de guerra se vino rodando hasta detenerse, y saludándome, firme ante mí, con su voz metálica, me preguntó por el “General Napoleón”.


Mi mirada retrocediendo me acercó a un figura bastante mayor, aunque mantenía su porte marcial; vestía de kaki, sus botas retumbaban marchando los cementos de la calle, infinidad de condecoraciones se guindaban de su pecho y un casco de guerra venia plantado en su cabeza.

Y como Rubén Blades, en su canción “Sebastián”, nos dice: “Todo barrio tiene, por lo menos un loco”.

Napoleón era el nuestro y el de la placita que quedaba frente al Panteón Nacional.


Sin embargo, Napoleón era un “sabedor” de cosas de nuestra historia; aún me veo rodeado de amigos, todos con el uniforme del Liceo “Nuestra Señora del Valle”, haciéndole preguntas sobre la independencia… y él tocándose el bolsillo trasero, nos decía, con voz compungida: “¡ay bachiller! Es que ahorita casi ni me acuerdo”; eso significaba que su “carterita” de caña blanca se le había acabado; prestos, reuníamos algo de plata y le obsequiábamos una llena…


…Lo extraordinario de nuestro guerrero era que después de tomarse unos sorbos de aguardiente, nos contaba las historias tal cual sucedieron…
…Y lo mágico en él, es que se metía, armado hasta los dientes, en su narración.


Muchas veces hablándonos de batallas, cómo la de “Las Queseras del Medio”, él era uno de los lugartenientes de Páez.


En la “Victoria” luchó al lado de José Félix Rivas y en “Carabobo” fue asesor de Bolívar… y gracias a él se ganó esa batalla.


Nosotros nos reíamos sobre todo de su gestual: montando caballos que no existían y disparando a enemigos invisibles.

En qué guerra se nos perdió Napoleón, tal vez en la batalla contra su alcoholismo, o a lo mejor se mudó a un pueblecito cercano al cielo, para allí escudriñar a su gente y luego, después de un tiempo, bajar y traernos sus historias…


Y me pregunto ¿de dónde saque esa medalla?...

Imposible habérmela robado, a lo mejor la conseguí extraviada de batallas, en alguno de los bancos de la plaza…

O quizás fue Napoleón, que un día entro a escondidas y la colocó en algún lugar de la casa, para gritarme como montado en su caballo ¡A la carga!!! Y hacerme reír recordando los tiempos de mi adolescencia.









viernes, 24 de diciembre de 2010

Tiempos de Recuerdos (3ra parte) Las navidades

Tiempo de navidad
TIEMPOS DE RECUERDOS

Cuento.
III Parte (Tiempo para el niño Jesús)


Contemplaba embelesado aquella pelota, cuando en mis oídos, el mugir de un animal, se me hizo presente, giré buscando al que emitió aquel profundo gemido, y mi mirada se volvió hacia la grieta, aguzando mi vista pude ver que en el fondo habitaba agachado un buey.. Y a su lado le hacia compañía una mula, y ambos miraban con curiosidad a un niñito que permanecía acostado en su cuna llena de yerbas. Dando martillazos logre ampliar la grieta y pude sacarlos del tenebroso escondrijo.


Resulto ser un pequeño nacimiento…


…Y el recuerdo de la navidad se me hizo presente.

En nuestra casa comenzaba, cuando papá nos preparaba para subir al Ávila en busca de un buen chamizo, y ojo no era cualquier palo; durábamos horas escogiendo y midiendo las condiciones del mejor: debía ser de tamaño mediano a grande, no tan seco para evitar la fragilidad de las ramas, que fuese en lo posible simétrico y que terminara en forma piramidal.


Al conseguirlo lo transportábamos con mucho cuidado evitando la perdida de sus ramitas y al llegar a casa, mamá tenía preparada la mescla de jabón en hojuelas con que cubríamos aquel oscuro chamizo y lo transformábamos en un hermoso árbol blanco.


A papá le tocaba guindar las luces y las bambalinas navideñas, recuerdo que siempre discutíamos porque se nos permitiera (aunque nunca lo logramos) amarrar los adornos en aquellas frágiles ramas.


La sala de la casa resplandecía toda llena de luces y cercano el día del nacimiento del niño Jesús, se comenzaba a hacer la primera tanda de hallacas.


Papá tenía una olla grande, su forma era como de bañera ovalada, y solo se utilizaba para hacer el guiso de las hayacas o para preparar el guiso de Cazón, plato muy famoso entre sus amigos.


Era una actividad familiar, todos metíamos las manos, no tanto para ayudar, mas bien era para comernos los adornos de la masa (pasitas, aceitunas, jamón…), papá y mamá lo sabían… y se hacia los que no nos veían.


Luego de la cena del 24 a todos nos mandaban a dormir temprano para esperar la llegada del niño Jesús… que casi siempre traía lo que “no” le pedíamos y sin embargo al amanecer rompíamos el papel de regalo, desesperados por descubrir la sorpresa que ocultaban aquellas cajas.


¿Cuándo descubrimos al Niño Jesús?, no lo recuerdo, me imagino que fue poco a poco, lo que sí recuerdo es que mi hermano y yo (en aquellos tiempos) nos considerábamos mas “vivos” que nuestros padres, porque después de muchos días, descubríamos donde guardaban los regalos, pero siempre se mantuvo la sorpresa de no saber su contenido.


Inmediatamente venía el “año nuevo” y con él la segunda tanda de hallacas; el día 31 después de ponernos el “estreno”, nos reuníamos en la sala a esperar; cada uno de nosotros éramos poseedores de doce sabrosas uvas, las cuales nos comíamos a medida de que en “Radio Continente” sonaran las doce campanadas, luego del cañonazo todos nos abrazábamos, llorando algunos y otros aplaudiendo y riéndonos.


Luego pasábamos al comedor, allí nos esperaba la mesa estupendamente adornada y repleta de sabores; papá desde la cabecera nos dirigía sus palabras acompañándolas de la bendición del nuevo año…


…En el tocadiscos sonaba la voz chascosa de Andrés Eloy Blanco, palabreando su poema… “Madre esta noche se nos muere un año…”


Esa noche las puertas de todas las casas permanecían abiertas más allá de la madrugada, recibiendo a los vecinos, brindando con ellos y competiendo parte de los alimentos que llenaban las mesas.


Esto duro muchos años, incluso todos los hermanos, casados y con hijos, considerábamos sagrado aquel ritual y cada 31 de diciembre volvíamos a la casa paterna…


… la casa se hacia pequeña, cuando aquel ejercito invasor de hijos y nietos corría por todas las escaleras y desordenaban todas las habitaciones.


Y fue así hasta que papá se nos marchó, tratamos de seguir con la costumbre unos años más, pero aquella silla vacía en la cabecera de la mesa y los hijos que crecían muy rápidos, descubriendo sus propias amistades, nos obligaron a quedarnos cada quien en su casa…

¡Ah…!

… Al pequeño soldado y al maravilloso tesoro de la pelota, no pude vaciarlos de mi vida, al contrario los volví a guardar junto al nacimiento, y a pesar de unas cuantas lágrimas, me sentí feliz cuando pude revivir los hermosos tiempos de mi infancia.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Tiempos de Recuerdos (2a. Parte) Tiempo de Beisbol o mi niñez

Tiempos de Beisbol
TIEMPOS DE RECUERDOS
Cuento

II parte
(El tiempo de beisbol o mi niñez)


Abriendo el primer hueco se saltaron, alocadas de alegrías, un montón de canicas multicolores, le abrían paso tres grandes bolondronas y todas marchaban con su clásico sonido de maracas; se acunaron en mis manos, reencontrándome con mi infancia y sus vivencias.


Era llegar a la casa con un ojo morado por haber defendido mi propiedad privada, la única, que en ese entonces eran esas metras.


O recibir algunos correazos en las nalgas, por llegar tarde después de clase y cual explorador amazónico, con la única ropita del colegio…embadurnada de barro…


Luego, me asomo a la oscuridad de la profunda grieta y veo que me apuntan con un arma… es un viejo soldadito de plástico, su uniforme, su fusil, su casco y su cara era todo de verde.


Por un momento quise preguntarle donde estaba aquel glorioso regimiento con el que gané muchas batallas, acostado de barriga sobre el piso de mi casa vieja.


¿Qué pasó con los tanques que invadían playas y montañas? hechas con la tierra de las macetas de las plantas de mi madre… ¿Donde quedó su estatua de la libertad?…


Pero su mirada silenciosa y temeraria me hizo guardar silencio, me miró con el ceño fruncido, y sin bajar su arma, comprendí que era un duro y solitario sobreviviente… o tal vez un héroe abandonado…por su País de fantasías.


Detrás de él desfilaron: Un camión de Bomberos que cojeaba de dos ruedas, le faltaba la escalera, creo que tal vez se perdió en algunos de mis incendios imaginarios…


Los restos de una perinola… le faltaba el palo, la cuerda estaba deshilachada y mi dedo pulgar tembló recordando los golpes recibidos jugando “Martillito”.


Un trompo sin punta… en el costado agrietado, mostraba el agujero de una herida, huellas de los golpes que llevó, también fue un héroe de muchas peleas callejeras… ¿Cuál de mis amigos le daría el golpe de gracia?


También se me vino rodando, despacio, como para impresionarme: una descosida pelota de beisbol, tenía en uno de sus lados, una rúbrica desleída por la humedad….


Ahora recuerdo, ¡Me la dio mi viejo! …hace ya tanto tiempo…


La tomé en mis manos para acariciarla, y sentándome en mi viejo sillón…
…me reencontré una tarde jugando en la puerta de mi casa, era víspera de Navidad, mi padre llegó con unos amigos, estaban uniformados de peloteros, venian de jugar su caimanera, tal vez ganaron el juego porque venían contentos y lo más probable un poco encendidos; me tomó en sus brazos y luego de darme un sonoro beso en el cachete, me dijo “cierra los ojos y abre las manos”, pensé que, como era su costumbre me daría unos caramelos, pero sentí algo grande que casi no me cabía en ellas; cuando abrí los ojos, sostenía una hermosa pelota de beisbol…

Y tal vez vio el brillo de alegría en mis ojos… que hizo que uno de sus amigos la firmara, al devolvérmela, me dijo muy seriamente, “esta es la firma del mejor pelotero del mundo”.


Nunca puse en duda esa afirmación, de hecho mis amiguitos se quedaban boca-abiertas cuando se las mostraba y orgulloso les contaba lo del gran pelotero, “el mejor del mundo”.
Esta vieja pelota había sido mi gran tesoro.


Si mi padre viviera, lo llamaría para contarle lo feliz que me hizo recibir ese regalo, y lo hermosos que fueron mis momentos de la niñez …
...Continuara....