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domingo, 3 de julio de 2011

Cosas de hospital (Hay dias 6ta parte)


Hay días (6ta.parte)

Aunque no me operaron, pasé esa semana enclaustrado en mi casa; aprovechando la tranquilidad, pude terminar el cuadro que enviaría al homenaje a Reverón (una especie de autorretrato), y empezar el que llevaría al Juan Lovera.

Toda la semana estuvimos en contacto con Rosendo y la pregunta en común era:

 “¿te han llamado del hospital?”

Y la respuesta correcta es…. ¡No!

 Bueno, me dije, el lunes iré al hospital y hablaré con el médico tratante; mi preocupación era, que si lo que se había detectado en la RM era malo, ya lo tenía cuando mínimo desde hace tres meses… y eso iba creciendo.

Llegó el viernes sin llamada, ese día llegaron algunos amigos a visitarme y entre canciones, poesías y pinturas, la pasamos de lo mejor, de hecho los acompañé en tomarme unos tragos (tal vez un poco más); como a las dos de la madrugada, decidieron marcharse, no sin antes quedar en reunirnos ese mismo día (sábado) para continuar la fiesta.

Serían como las siete de la mañana, cuando sonó el teléfono, con algo de resaca lo tomé…y ¡sorpresa! Era la doctora, comunicándome que debía ir el domingo al hospital.

Dormité casi hasta el medio día del sábado, llamé a los “panas” para aplazar la reunión y nuevamente arregle la maletica de viaje.

Llegó el domingo, con suerte, nuevamente compartí la habitación con Rosendo, ambos nos contentamos y comenzamos a compartir anécdotas y rizas.

El lunes después de la preparación, subieron a Rosendo, serían las 8 de la mañana, y me alegre, porque esta si sería la vencida.

A las tres y media lo bajaron y con él venía la doctora cirujano… para indicarme que mi operación se aplazaba hasta mañana; ya no sabía qué hacer, incluso algunos me previnieron que debido a tantos problemas era aconsejable  aplazarla definitivamente, a lo mejor (ninguno me lo dijo, pero lo pensaban) podía quedarme tieso en la camilla...

A esa hora, cuatro de la tarde y en ayunas, ya habían pasado el desayuno, el almuerzo y casi la cena; el estómago resonaba de hambre, pero la aguafiestas de la doctora me autorizo “solo algo ligero, como una sopita”…pensé en Mafalda y su eterna lucha contra las sopas.
Me trajeron un vaso mediano con lo que parecía era sopa o en su defecto agua salada, pero eso sí bien caliente.

Esperando que se me enfriara aquel menjunje, me puse a detallar a la doctora cirujano, era hermosa,  trigueña, alta y bien contorneada, su pelo largo y negrísimo (¿pintado?) y lo más llamativo: sus ojos y sus labios; mientras me embelesaba con sus atributos, traté de tomarme la sopa…acostado (todavía llevaba puesta la mini bata y la habitación estaba llena de visitas), con la torpeza que me caracteriza en esas circunstancias, me eché parte de la sopa caliente en el pecho.

 Mi mujer que no se pierde una, se me acercó “para limpiarme” (pensé yo), y luego de hacerlo me dijo, riéndose en mi cara: “Sigue de bocabierta”.

Tuve que esperar que se marcharan todos para poder asearme…
y así llego el lunes…

Soy el primero, apenas son la seis de la mañana y el frío se cuela por dentro de las cobijas…

Ese día ¡Por fin! Fui operado… como a las tres de la tarde…y fuí el último de ese día.

Posdata: al cabo de 20 días me tocó cita con el médico tratante, él mando a buscar el resultado de la biopsia, se la trajo la enfermera y la leyó varias veces, en eso volvió la enfermera con la noticia que había una paciente con mucho dolor, después de explicarle cual era el procedimiento a seguir, mandó a llamar a otros colegas, se aparecieron tres, se los llevó a donde estaba la lámpara de RX y allí colocó mi Resonancia Magnética y enseñándoles la biopsia, le hacía comentarios, en voz baja sobre dichos exámenes.

Pasaron como veinte minutos (los más largos de mi vida) desde que le trajeron la biopsia...
Terminó su reunión y escribiendo algo en la “historia médica”, guardó los exámenes y me extendió  el papel de la próxima cita.

Como no me paraba de la silla, me preguntó si tenía algo más que decirle… y asustado, le contesté:
Doctor estoy esperando el resultado de la biopsia…

Se llevó la mano a la cabeza y sacando nuevamente el papel me dijo, sin ninguna emoción:

"Sr. Oliveira…todo está bien, la biopsia salió negativa…"

...Ah!!!
 y saludo Rosendo por tu buena compañía.

miércoles, 29 de junio de 2011

Hay dias (5ta parte) (Cosas de Hospital)

Hay dias (5ta)

Casi todos esperamos las vacaciones de la Semana Santa, la mayoría para huir de las kilométricas colas de nuestra ciudad… e ingresar a las interminables colas de las carreteras, bien sea para recibir los despojos del agua que antes era limpia y en esos días se vuelven las cloacas de todos o irnos al campo para, si no tenemos suerte (o previsión), pernotar en el carro, orinar en el monte y pasar el resto de los días buscando donde comer “más o menos” bien.

Los menos, nos conformamos en disfrutar de una ciudad más tranquila donde podemos, sin empujar o ser empujados, visitar los parques y plazas, e incluso con cierto orden visitar los siete templos.

¡Ah! Y con un poco más de tranquilidad, ya que los ladrones (en su mayoría), también se fueron para los sitios con mayor afluencia de ingenuos.

En mi caso, tuve que decirle adiós a las vacaciones, ya que la nueva cita coincidía con el principio de la Semana Mayor.

Bueno pensé, aprovecharé ese tiempo para recuperarme de la operación, y si me es posible pintar algo. Pero sobre todo no tendré que faltar a las clases.

Esta vez llegue un poco más tarde al hospital, venía preocupado pensando que, seguramente no tendría la suerte de la anterior semana en cuanto al cuarto privado, lo más probable es que me ubiquen en cualquiera de las habitaciones compartidas, y eso se vuelve un problema, porque no sabes quién será tu acompañante y quiénes sus visitantes.

Cuando llegué, una voz extraña pero de sonido agradable, me dijo:

¡Mira Simón!, Soy tu compañero de cuarto”

…su nombre: Rosendo, 81 años acuesta, gallego de la época franquista y poseedor de un millón de anécdotas que hicieron mi estadía mucho más agradable; de hecho esa noche nos acostamos tarde y  pude conocer parte de la niñez y de cómo llegó a Venezuela,  mi nuevo amigo.

A las cuatro de la mañana, llegaron las enfermeras para prepararnos, nuevamente,  para la operación

Por cierto es impresionante la conducta de las enfermeras, hablo de la diferencia entre las veteranas, que gracias a las oportunidades de estudio pasaron de “enfermeras auxiliares” a Licenciadas, y las recién graduadas, que demuestran una falta de “experiencia” enorme. Sobre todo donde se palpa esa diferencia es al colocarte la vía endovenosa.

La enfermera que me tocó esa vez, pensaría que yo era un alfiletero; como en cuatro ocasiones peló las venas, gracias a que una de las veteranas pasó por el cuarto a despedirse y notando la cantidad de adhesivos que cubrían el brazo, tomó la decisión de auxiliarme, en un solo pinchazo tomó la vena y me colocó mi vía; claro, esto sucede muy a menudo cuando el paciente ha sido visitante asiduo para la quimioterapia, donde las venas se endurecen de tantos pinchazos.

Nuevamente en ayuna, fuimos  afeitados, las botellas de suero conectadas a nuestros brazos y con la mini bata como complemento, nos tocó esperar al camillero que nos subiría al quirófano.

Ya como a las diez de la mañana, empecé a preocuparme, pensando que tampoco esta vez sería operado; en efecto como a las cuatro de la tarde, se acercó al cuarto la doctora cirujano para comunicarnos que “la operación fue suspendida” porque no había anestesiólogo.

Comentándolo más tarde con Rosendo, llegamos a la conclusión de que este profesional (anestesiólogo), no quiso perderse sus días de asueto y se marchó a vacacionar dejándonos solos con las anécdotas de dos pacientes… con mucha paciencia.

Además nos quedamos presos en nuestras casas, ya que la doctora nos dijo que esperáramos su llamada… cualquier día de la semana.

Total a quedarse en casa y esperar…

sábado, 25 de junio de 2011

Cosas de hospital (Hay dias 4ta parte)

Cosas de Hospital

Hay días (4ta parte)

Son las seis de la mañana y el frio intenso se cuela por dentro de las cobijas, soy el primero y a punto de entrar al quirófano.

El médico me saluda y a modo de consolación, me dice: ¡esta es la vencida!

Ojala sea así, es la cuarte vez que ingreso para realizarme una biopsia, que según todos, me dicen que es rápida, casi ambulatoria.

Empiezan a subir las camillas, al cabo de un largo rato, escucho al médico que le grita a otro:

¡Epa, primero iba yo!

Luego se me acerca:

“¡Coño simón!, me descuidé y pasaron unas mamas (Cirugia mamaria), ni modo hay que esperar un poco…”

Esto ha sido una odisea, todo comenzó hace como tres meses, cuando uno de los médicos que lleva mi caso, desde hace siete años, observó que en la RSM (Resonancia Magnética) aparecía algo que no le gustó, enviándome al “Oncológico Padre Machado”, para que se me realizaran algunos exámenes y una biopsia.

Luego de esperar varias semanas; un jueves recibo la llamada de la doctora cirujano, para ingresar el domingo en la tarde e incluirme en la lista de operaciones de día lunes.

A las tres y media del domingo, me presente cargando con mis macundales, luego de esperar un rato, me indicaron la habitación que me correspondería, vaya sorpresa, me tocó uno de los tres cuartos privados, era la tercera vez, en siete años y cinco operaciones, que me tocaba; dicha habitación era una de las reminiscencias de cuando era un clínica de la “Sociedad Anticancerosa”, que por cierto en la primera intervención me pasaron una factura por treinta y cinco millones de Bs. (de los viejos) y fue gracias al estado (Alcaldía de Caracas y la Fundación Pueblo Soberano), que pude pagar la deuda.

A las cuatro de la mañana del lunes, me levanta la enfermera para tomar la “vía” endovenosa, bañarme, nebulizarme, rasurarme, y facilitarme como única vestimenta, la batica de papel azul, la cual es la peor tortura, ya que además de ser “mini”, tiene la apertura por detrás y hace muy difícil moverte so pena de mostrar tus posaderas al mundo.

Allí pasé desde las cuatro de la mañana hasta las tres y media de la tarde: en ayunas, prisionero de la batica azul y atado a una bolsa de suero, que me impedía moverme.

Luego vendría la Doctora cirujano para explicarme que mi operación estaba aplazada, “porque hubo muchas emergencias…hasta la próxima semana.

Luego de vestirme y esperando el ascensor, tropecé con otro paciente que también fue referido para la próxima semana, conversamos algo mientras bajábamos y nos despedimos hasta el próximo domingo.

Casi todos esperamos las vacaciones de la Semana Santa, la mayoría para huir de las kilométricas colas de nuestra ciudad… e ingresar a las interminables colas de las carreteras, bien sea para recibir los despojos del agua que antes era limpia y en esos días se vuelven las cloacas de todos o irnos al campo para, si no tenemos suerte (o previsión), pernotar en el carro, orinar en el monte y pasar el resto de los días buscando donde comer “más o menos” bien.

Los menos, nos conformamos en disfrutar de una ciudad más tranquila donde podemos, sin empujar o ser empujados, visitar los parques y plazas, e incluso con cierto orden visitar los siete templos.

¡Ah! Y con un poco más de tranquilidad, ya que los ladrones (en su mayoría), también se fueron para los sitios con mayor afluencia de ingenuos.

En mi caso, tuve que decirle adiós a las vacaciones, ya que la nueva cita coincidía con el principio de la Semana Mayor.

Bueno pensé, aprovecharé ese tiempo para recuperarme de la operación, y si me es posible pintar algo. Pero sobre todo no tendré que faltar a las clases.

martes, 7 de septiembre de 2010

Hay dias... (3ra y ultima parte)




Hay días… (Parte III)

Es miércoles y debo volver al hospital, aún tengo muy fresco el recuerdo del día anterior.
Sin ganas comienzo mi rutina…

Se nota que el frio madrugador les pegó la cobija a los vehículos y a sus dueños, esta vez hay poca cola en la autopista.

Llego al hospital y son apenas las 6:15 am esto significa que debo estar más tiempo en la cola (abren a las 7 en punto), pero esta vez cuento con la compañía de mi mujer, esto nos permitirá intercambiarnos en la espera; cuando llego a la taquilla me sorprendo:
¡Solo hay 10 personas en la cola!

Soy el feliz poseedor del Numero 11, esto alivia un poco el pesar de mis recuerdos ya que significa que quizás... si no hay otra “unicaodiosa”... podremos salir más temprano de la consulta.

Hoy me toca “Cirugía Plástica”, es en el primer piso, la sala de espera es bastante espaciosa, mas ventilada y a pesar de que el televisor es más pequeño, sus sillas son más humanas, debo decir más anchas y más cómodas.

Me acomodo y de la bolsa de exámenes sacó mi libreta de apuntes, me quedo pensando sobre que escribir, cuando una enfermera grita mi nombre… con dudas veo el reloj y eran apena la 8: am, esto es un milagro, si tomamos en cuenta que la visita médica termina a las 9 am.

Inmediatamente mi mujer me insiste que me apure, poco le falto decirme “!bocabierta, apúrate¡” y como puedo recojo mis cachivaches y me dirijo al consultorio.

Este médico, por prevención y a solicitud de la doctora de oncología, me hizo extracciones de algunos lunares que presentaba en la cara, y para este día debía venir a buscar los resultados, con paciencia me quitó los puntos de sutura y como no había llegado la biopsia me pidió que esperara afuera mientras él la mandaba a buscar.

Nuevamente en la sala de espera, recordé que aún tenía varias consultas pendientes por citas, guarde de nuevo mi libreta de apuntes y aprovechando el tiempo me fui a oncología a solicitar la fecha de mi nueva cita…

Y fue una agradable sorpresa, conseguirme con dos de las doctoras que conocían a fondo mi historia clínica y por la cuales tengo profundo aprecio. Una de ellas convaleciente de una reciente operación, estaba más hermosa que nunca, que placentero fue recibir su abrazo y la otra igual de hermosa, y a pesar de ser muy cascarrabias es, después que la conoces, una persona dulce y sobre todo muy comprensiva, de hecho me recomendó que tomara la cita para el día que estuviera de guardia para ella atenderme; después de sendos abrazos subí hasta el laboratorio y también logre tomar la cita del mes.

Luego me acerque a “gastro” a buscar el resultado de una gastroscopia y otra biopsia que a pesar de no estar lista, la secretaria muy gentilmente me dio otra cita; allí nuevamente me sorprendí: la doctora con quien he tenido una sola consulta, me saludo con cariño, llamándome por mi nombre.

Nuevamente regreso a “Cirugía Plástica”, busco al doctor y me recibe con alegría comentándome que “la biopsia salió negativa”.
¡Guaoo! ,
Noticia buenas por todas partes… apenas son la 10 de la mañana y ya he realizados todo lo que tenía que hacer.

Antes de salir se me ocurrió llamar al doctor de partes blandas para saludarlo, también excelente amigo, tuve la suerte que estaba de guardia en el hospital y le comenté que algo había aparecido en la tomografía de tórax realizada recientemente y me insistió que lo esperara para revisar la placas…

Ni modo, me toco sentarme a esperar; saqué por enésima vez mi libreta de apuntes, y a "pensar" sobre que hacer mis notas…

De pronto me dije: porque no escribir sobre lo diferente que pueden ser algunos días…

Y aquí estoy: contento y escribiendo, contento y esperando...
siempre esperando… una nueva llamada.


Ver también:
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domingo, 5 de septiembre de 2010

Hay Días... (2da Parte)


Hay Días… (Parte II)

Hoy es lunes y tengo cita con el médico, me asomo a la ventana y el cielo promete lluvia; esta vez mi mujer tiene obligaciones en su trabajo y no puede acompañarme.

Sigo la rutina de siempre: llego al hospital, hago mi cola, entrego mi tarjeta (no sin antes recordarle a la señora que ya no tiene donde escribirle y por enésima vez me contesta lo mismo “en la próxima se la cambio”, esta vez me toca en el 2° piso.



Me encuentro que de los dos ascensores hay uno dañado, todo el rio de visitantes se canaliza por las escaleras, imagínense todos intentando subir y encuentras a pacientes con bastones o muletas detenidos en los escalones… menos mal que me toco el segundo piso.

Esta vez debo esperar en la sala donde está el televisor; como siempre, se encuentra repleta de pacientes y acompañantes. Lamento no colocarme en la zona que me agrada pero estoy seguro que allí no voy a escuchar la llamada del médico.



Sé que esta espera es de aproximadamente cuatro horas, por ello trato de cazar alguna descarriada silla, la consigo, me toca sentarme entre dos personas bastante rellenitas y al sumarme a ellas… ruego para mis adentros que no pasen la película de los “tres cochinitos”.
Como el espacio con que contaba en mis piernas, estaba lleno con mi barriga, el bolso de mano con el teléfono y la paca de exámenes, me vi obligado a decidir que esta vez me sería imposible escribir, así que me acomode como pude… y a ver películas se ha dicho.

Las sillas del hospital son de aluminio, muy bonitas y vienen en grupos de tres, tal vez cómodas para una oficina o un banco, donde el cliente va a usarlas por pocos minutos, pero para pacientes que deben esperar por lo mínimo dos o tres horas son terribles: Al cabo de un tiempo comienzas a sentir calambres en las piernas, amen que la posición que toma la espalda, por la curvatura de la silla, comienza a molestar; los pies no consiguen su puesto y el estómago te ronronea de hambre.

Sería muy cómico ver nuestros movimientos… yo los llamo “la Danza de las Nalgas”.

Este baile consiste en mover todo el peso de tu cuerpo, primero hacia la nalga izquierda, al cabo de un tiempo lo haces hacia la derecha, después retornas con las dos al centro y la espalda la inclinas hacia adelante; al poco rato se integran a la danza el movimiento de las piernas: levantándolas o cruzándolas, abriéndolas y cerrándolas; puedes darle variaciones cruzando los brazos o descansándolos en las rodillas, está terminantemente prohibido levantar los brazos en forma de cruz, ya que tu espacio es bastante reducido.

Las filas de sillas están tan juntas que si tienes la urgencia de ir al baño, ruégale a Dios que la persona que “yace” a tu lado no esté dormida, porque si es así tendrás que practicar “el salto de vallas”

Hoy ha sido increíble, hemos visto la misma película dos veces, resulta que la persona autorizada para manejar el DVD, ha salido justo minutos antes de terminarse y esta ha vuelto a repetirse…
Agréguenle que es una película cómica y piensen lo fastidioso que es reírse dos veces del mismo chiste.

Están llegando los pacientes citados para el turno de la tarde, miro hacia los lados y veo que soy el ultimo que queda del turno de la mañana; molesto y adolorido me acerco hasta donde está la “única odiosa" y molesto le hago constancia de mi situación y la muy, repito: “única odiosa”, me dice “¡Ya vengo!” y moviendo su feo trasero se me pierde en el laberinto de los consultorios.
Miro, pidiendo auxilio hacia mi silla y ya tiene otro dueño, no tengo más remedio que esperarla de pie, al cabo de un larrrgo ratoo, regresa: la “unicaodiosa” y sin mirarme me “muge” - tiene por delante dos pacientes mas y luego le toca usted-.

Miro el reloj y cuento las horas… ¡Esto es el colmo! ¡Tengo más de 7 horas sin desayuno y esperando la llamada!!! Si esto fuera un empleo ya estuviese en HUELGA.

Para no sentirme tan trágico me recuerdo de Linda (la canción de Daniel Santos) y termino sonriendo.

¡Al fin! …Soy llamado.



Al abrir la puerta del consultorio me consigo con una nueva doctora, es la primera vez que la veo, con voz cariñosa le doy las “buenas tardes” y ella inmutable ni siquiera levanta la cabeza y mucho menos contesta el saludo… ¡Coño! Me dije ¡esto es el colmo!
En el internado, desde pequeño, aprendí a colocarme una máscara de rabia que alejaba cualquier acercamiento raro, era algo así como un aviso: ¡Perro Rabioso! Luego la aplicaba con mis hijos cuando hacían algo indebido y funcionaba siempre; ...eso fue lo que hice.



Cuando ella se digno verme (por cierto con unos hermosos ojos), tal vez intimidada, su rostro y su voz se volvieron más amables y poco a poco la consulta se hizo más llevadera.
Leyó la historia, vio los exámenes, me auscultó, con voz preocupad me lleno de sabios consejos y tendiéndome su suave mano se despidió “hasta la próxima cita”… ¡Eso duro escasamente 20 minutos!!!

Ya cuando me retiraba le comente la tardanza de la llamada y cuando vio que mi numero era el 21, me dio como excusa que la “unicaodiosa”, primero le había enviado a los “viejitos” y con sorna le contesté…



“Doctora y yo que soy”

“Bueno hablo de los de 70 años”

Tuve que contener la sonrisa y pensé "Cuando se tienen 20 años nos parece que faltara un siglo para cumplir los 30... a mi edad no hay ninguna diferencia entre los 60 y los 70”.


En fin en vez de caminar, como hacia siempre al salir del hospital, tomé un taxi que me llevara rápido a mi casa, pensando solo en preparar el “desayuno-almuerzo tardío” de ese día…

Y ¡Uff vaya día! …

Simón Oliveira

jueves, 2 de septiembre de 2010

Hay días... (1ra parte)


(Dedicado a unos bueno amigos)

Hay días que pasan por la vida, cuyos hechos, por su condición extraordinaria (nacimiento, enfermedad o muerte) quedan grabados para siempre en nuestra existencia, muchos de ellos nos obligan incluso a cambiar la ruta de nuestra vida.

Pero hay otros, que afortunadamente son la mayoría, que por parecernos normales (llamémoslo estúpidos o tontos) apenas los tomamos en cuenta, lanzándolos al cabo de unas horas al pipote del olvido.

Desde hace cinco años (ese fue uno de esos días imborrables) soy asiduo visitante del hospital oncológico; cuando mínimo debo presentarme cada 28 días, esto se debe al estudio que realizan los médicos para evaluar los cambios o alteraciones que la quimio produce en mi organismo.
Cuando los doctores estiman que algo raro (tos, nauseas, dolores inusuales, algunas manchas en la cara, inflamación en los tobillos) me está sucediendo, enseguida me envían al especialista.
Como consecuencia hay semanas que debo realizar un tour por las diferentes especialidades medicas y para esto debo estar en el hospital, cuando muy tarde, a las seis de la mañana.

Esta situación, hoy normal para mí, me ha obligado a imponerme una rutina, desde el día antes preparo todo lo que tengo que llevarme: esto incluye desde escoger y planchar la ropa que voy a ponerme, hasta ordenar los papeles que tengo que llevarme (tomografías, resonancias, examen de sangre, rayos x…), esto me ha hecho entender que lo que “pesa” de la edad no son los años, es la cantidad de pastillas que llevas en los bolsillos y la bolsa contentiva de los exámenes que siempre te acompañan.

El día de la cita, me levanto a las tres y media de la madrugada, aún trasnochado por calarme las pesadillas novelescas que mi mujer adora (afortunadamente casi siempre ella me acompaña a esta citas) y a las cinco debemos estar en la puerta para tomar un taxi… y al montarme en el vehículo, me doy cuenta que algo se me olvido.
Son dos horas que utilizo para asearme y vestirme ¿Por qué tanto tiempo?, no lo sé; mi mujer me dice que tardo más tiempo que una “madama”... para terminar en el taxi: con el pelo desordenado, con cortadas hechas al afeitarme y vestido con otra ropa (que por supuesto no combina con los zapatos), en vez de utilizar la qué esmeradamente planché el día anterior.

Mientras voy en el taxi, el chofer me informa, por supuesto sin yo pedírselo: “lo caro que esta la vida, lo inseguro que se ha vuelto la calle y lo buenota que están las mujeres", claro disculpándose por lo último, al ver por el retrovisor la cara de ogro de mi mujer.
Luego de media hora de tráfico escuchando a “Fulchola” con bastante volumen, llegamos al hospital.

Son casi las seis de la mañana y me enfrento a mi primera cola, ante mí ya están al menos 20 personas esperando, siempre me pregunto si esas personas viven cerca o dormitan en el hospital, algunos comentarios me informan que muchos llegaron a las 4 am.
Al poco rato y para descansar las piernas te volteas hacia tu espalda y tú que eras el último, en un momento hay tanta gente detrás de ti, que resultas ser uno de los primeros en la fila.
Y esa imagen se reproduce en frente a todas las casillas que indican, en letras grandes, las diferentes especialidades medicas.

A la 7 en punto, abren las ventanillas y empezamos a entregar la “tarjeta de citas”, por cierto la mía no la han cambiado y está llena de fechas hasta en los bordes.
A esa hora el hospital es un hormiguero, la gente sube y baja escaleras, los ascensores, siempre llenos, empujan o chupan montones de personas.
Llegas a tu piso, son la 7:30 am, allí debes esperar la llamada del médico; si todo marcha bien, empezaran las consultas después de su ronda por las salas de hospitalizados y eso es más o menos a las 9 am.

En total las horas de espera pueden ser, desde que abren las taquillas y dependiendo de tu número: dos horas si eres de los primeros o hasta cinco se eres de los últimos.
Ese tiempo de espera lo puedes pasar en la sala (que ahora tiene TV y DVD), acompañado de un montón de gente apretujadas, muchas de pie… o afuera, también lleno de personas pero al menos respirando un agradable olor a limpio, desafortunadamente lo más probable es que allí no puedas escuchar cuando te llamen.
Así mismo durante ese tiempo, tratas de pasarlo de diferentes formas: viendo la tele (si la prenden), echando un sueñecito o bajar corriendo, desayunar corriendo y subir corriendo, so pena de perder tu turno.

En mi caso me gusta esperar afuera, cazando alguna silla y aprovechando ese tiempo para escribir estas tonterías que Ud. esta leyendo, mientras mi mujer se ubica en la sala, encantada con las películas o conversando con los vecinos y atenta a la llamada del médico.

Al terminar mi consulta y como siempre salimos de la casa sin desayuno, corremos al kiosco de la esquina y degustamos un sabroso y callejero desayuno tardío o almuerzo tempranero.
Luego para bajar un poco los cauchos que adornan nuestros estómagos, nos damos un largo paseo de 7 cuadras, entre tiendas, buhoneros, escombros y basuras, hasta llegar a la avenida donde mi mujer se va a su trabajo y yo retorno a mis quehaceres de pintor.

Esto es lo que yo llamo un día normal
…de visita medica
ver tambien:
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