domingo, 29 de abril de 2012

Daño Colateral ¡Porqué Los Niños? (Simón)

Daño Colateral ¿Porqué lo niños?

“DAÑO COLATERAL”
Acabo de escribir este... ¿poema?
Pero primero le mostré a mi hermano  la imagen que lo acompaña,
me dijo que era:
atroz, muy fuerte, sádica y escabrosa, que hería la vista.


Le explique que sí, también creo que es obscena…y está bien, porque todos los epítetos horribles que se le puedan aplicar son pocos…

Pero es una realidad que tapamos, que ocultamos, que no queremos ver…y que casi nunca podemos enterarnos por los grandes consorcios comunicacionales.
…una realidad: que ha pasado, que está pasando y que lamentablemente seguirá sucediendo igual, si no tomamos conciencia de que con la locura que tienen las grandes potencias por apoderarse de las materias primas, puede sucedernos aquí, donde estamos, donde vivimos, donde amamantamos a nuestros hijos…


Discúlpenme si la imagen los ofenden…


“Daño Colateral”


¿Porqué Odiar al que piensa diferente?”

Es noche cerrada y me levanto sobresaltado,
la cama se estremece como animal con pesadillas,
el intenso ruido me ensordece el alma.


…Ya debería estar acostumbrado.


Alguien toca mi puerta,
le abro y allí, temblando, está mi vecina,
apenas una túnica transparente la arropa,
la luz mortecina del pasillo la traspasa
reflejando su hermoso cuerpo en mis pupilas;
asustada se me abraza, la tomo del torso y siento,
a pesar de mi miedo, su belleza penetrar mi cuerpo
recorriéndolo hasta llegar a la ingle.


…Ya debería estar acostumbrado.


Unos pasos interrumpe mi apetencia
y la señora del apartamento del frente
se nos abalanza llorando;
detrás viene el esposo ciego
tanteando sus conocidas paredes,
tropieza y antes de caer
lo sostengo por sus manos…
…están humedad de terror…


…Ya debería estar acostumbrado.


Un tronar de zapatos machacan las escaleras,
ahora sumamos una multitud,
de pronto la luz se enochece y extendemos los brazos
para tocarnos y sentirnos en compañía.


Aunque el pavor nos empuja a saltar mil escalones,
la oscurana, dueña del espacio,
nos obliga a dejarnos diluir poco a poco
y temblando por la angostas escaleras,
que se desparraman hasta tocar la calle.


…Ya debería estar acostumbrado.


Poco antes de salir,
los cimientos nuevamente temblequean
acompañados,
primero de una luz cegadora y luego:
un trueno que retumba
ensordeciendo nuestros gritos.

Apuramos los pasos con temor
a no contar los escalones.


La luz mortecina de la luna nos recibe;
a lo lejos, como zamuros atiborrados de muerte,
vemos como se retiran los aviones.


Un espanto blanquecino se confunde con el polvo
y el humo de incendios no muy distantes.


Es un paisaje desconocido, no hay luces ni tranvías,
las calles tienen agujeros sobre agujeros.


Un resplandor en el horizonte
dibuja siluetas de estructuras calcinadas,
que olvidaron sus antiguas bellezas.


Gritos y llantos los hay por doquier.


El frío nos arropa igual que el miedo;
nos juntamos y el tun tun de los corazones
en silencian las palabras.


…Ya debería estar acostumbrado.


De pronto, en medio de tanto llanto,
un quejido lastimero alcanza mis oídos,
busco su origen y mis ojos se desplazan
hasta la acera del frente,
allí un pequeño bulto se arrastra difícilmente
por encima de escombros y miedos.


Me acerco y levanto un poco el sucio trapo
una carita llorosa se asoma entre los pliegues,
lo tomo entre mis brazos… y siento su humedad…
la rabia se sube a mi boca… y grito…


¡Malditos!!!

¡Mi Dios… al niño le volaron sus piernas!!!

¡Cómo coño puedo acostumbrarme!!!